Los algoritmos se han convertido en actores centrales en la vida social y política, amplificando vulnerabilidades, clasificando identidades y discriminando bajo una aparente neutralidad tecnológica.
En el marco del XIII Encuentro Anual de la Red Iberoamericana de Facultades y Escuelas de Derecho (RIFED), la jurista Catarina Sarmento e Castro, en representación de la Universidad de Coimbra (Portugal), ofreció una conferencia virtual titulada “Democracia, algoritmos y vulnerabilidades”, transmitida en la Sala Magna de la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS), sede Santa Cruz.
Durante su intervención, Sarmento e Castro propuso una profunda reflexión sobre los desafíos de la democracia en el contexto actual, marcado por desigualdades estructurales y el avance de sistemas algorítmicos que, lejos de neutralidad, reproducen sesgos y profundizan vulnerabilidades. Afirmó que el verdadero impacto social no se logra con gestos simbólicos o intervenciones superficiales, sino construyendo desde los cimientos: desde lo humano, desde quienes habitan las periferias sociales y culturales.
“La transformación real no nace en los centros de poder, sino en los márgenes, donde se cruzan los desplazados y vulnerados, donde el dolor se convierte en fuerza política”, señaló, al tiempo que cuestionó la eficacia de las decisiones diseñadas desde la distancia, desconectadas de las experiencias concretas de las comunidades.
Alertó también el uso de “narrativas justificativas” y datos sesgados —a los que llamó irónicamente “datos santos”— que amparan políticas excluyentes y refuerzan estructuras jerárquicas de poder. En ese contexto, sostuvo que los algoritmos no son instrumentos neutros: clasifican, discriminan y fragmentan identidades, ofreciendo respuestas preconfiguradas que ignoran la complejidad de lo humano.
Frente a esa realidad, propuso lo que llamó “la estrella de la agonía”: un símbolo de esperanza que emerge en medio del dolor, desde las experiencias reales de quienes viven la exclusión. Abogó por abrir espacios de decisión verdaderamente inclusivos, no dominados por tecnócratas, sino compartidos con quienes conocen las vulnerabilidades desde dentro.
“La democracia no puede reducirse a fórmulas numéricas ni a mecanismos de control. Hay que proteger lo humano, cuestionar las estructuras y actuar desde la duda y la conciencia”, expresó. Reivindicó, además, el reconocimiento de las “mineralidades” —los cuerpos, territorios, memorias y recursos— como componentes esenciales de una política verdaderamente ética.
Finalmente, alertó sobre el riesgo de una democracia vacía, desconectada de la realidad, y llamó a repensar el presente desde la exposición y no desde la imposición. “A veces hay que dudar, incluso de uno mismo, para poder actuar con honestidad”, concluyó.
El evento, organizado por la UPDS, reunió a más de 70 delegados de 20 universidades de 11 países iberoamericanos, consolidando a la institución como un espacio de diálogo jurídico de alto nivel y proyección internacional en el marco de su 25.º aniversario.